¡Hola a todos!
Faltan 111 días, y hoy me gustaría comentar aquí un tema que creo que va a salir a relucir más de una vez en este blog: educación y deporte.
Y no puede haber mejor momento para hacer referencia a esto, cuando se aproxima un evento de las características de las próximas Olimpiadas. No sé si hoy en día somos conscientes del origen de las Olimpiadas, las de la era antigua en homenaje a los dioses griegos, en las que todo se paraba para que pudieran llevarse a cabo. Todo, incluso las guerras, en una época en la que a priori la humanidad estaba menos civilizada. Digo a priori porque en teoría con los años existe el progreso, sin embargo si nos paramos a pensar, dicho progreso no lo es en todos los aspectos de la vida.
En la era moderna llegó la evolución del deporte y fue implantándose de tal manera que cada vez llegó a más zonas del planeta, más deportistas y más disciplinas, primero; y se fue profesionalizando poco a poco, después. Debido a este segundo aspecto entró en juego el dinero, tan poderoso y peligroso, y con él, los medios de comunicación que acercaron el deporte no sólo a los deportistas sino a toda la humanidad. Pero también el dinero y la mediatización trajeron consigo los boicots, los enfrentamientos políticos y el dopping.
Es decir, el deporte, en pleno apogeo de la antigua Grecia, que inculcó unos valores como la democracia con siglos de adelanto, es capaz de generar un evento que puede parar una y mil guerrras para poder establecerse un marco en el que los pueblos pueden competir sin violencia.
Primera conclusión: somos capaces de generar un evento tan maravilloso como este, y cuando es posible que la humanidad entera lo vea, se acaban filtrando noticias en que las luchas de poder, la política internacional y las injusticias como el dopping o agresiones entre hinchadas, pasan a primer plano. Quizá no tanto en las Olimpiadas, pero sí en el mundo del deporte profesional.
La educación ha de estar presente. En todos los eslabones de la cadena. Desde el/la deportista que sabe (porque ha sido educado) que su plata fue mejor que un oro comprado con dopping. Pasando por el periodista que no le lanza su feroz crítica por no llegar a lo más alto y cumplir sus pronósticos. Y acabando en el padre y la madre que explican a su hijo, mientras lo ven por la tele, que esa persona no ha fracasado porque se esforzó al máximo y eso significa ganar.
Suena utópico. Pero aún hay gente que creemos en ello.
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