viernes, 9 de mayo de 2008

Aguas revueltas (II): Marta Fernández no incluida en la lista

La extraordinaria jugadora del Wisla Can-Pack, recientemente proclamado campeón de la liga de baloncesto femenino en Polonia, no ha sido incluida en la lista de convocadas para la preparación de las Olimpiadas. Esto ha desatado extrañeza, al ser considerada una de las mejores jugadoras españolas, la única en haber triunfado en la WNBA, y recientemente seleccionada para participar en el All-Star Europeo.



Y cómo no, esto ha desatado mucha polémica. Quizá, y al hilo de lo que comentábamos en la entrada anterior, el hecho de que Marta sea hermana de Rudy, haya "mediatizado" más la situación. Marta no fue al pasado Europeo de selecciones al tener que recuperarse de una lesión de tobillo y el seleccionador Evaristo Pérez ha preferido dar continuidad al bloque del pasado verano.

Antes de nada, diré que para mí, personalmente, Marta me parece una jugadora excepcional. Una de las mejores jugadoras españolas del momento.

Como siempre intentaré dar una vuelta de tuerca para ampliar el campo de visión de todos nosotros, remitiéndome a uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos - Aíto García Reneses - que en este artículo escrito hace ni más ni menos que 28 años, ya hablaba de un mal endémico generalizado entre los aficionados. Dice así:

Cada español tiene "su" selección nacional - de fútbol, se entiende -. No recuerdo quién hizo famosa esta frase, y, aunque la considero exageradilla, viene a cuento con el tema de hoy. Son, por tanto, 35 millones de selecciones nacionales diferentes. Pretender cambiar esta realidad es absurdo.

El aficionado al baloncesto tiene sus jugadores preferidos y lógicamente piensa que unos deberían jugar más que otros. Muchos son los casos en que esta opinión no coincide con la del entrenador. Pretender cambiar esta realidad es absurdo.

Vamos a centrarnos en lo referente a un equipo de club.
Es interesante y bonito que haya divergencia de opiniones. Además cada uno es libre de expresar su opinión. Voy a considerar unas diferencias entre unos casos y otros, cuando esta opinión no coincide con lo que está haciendo el entrenador.

No es lo mismo pensarlo que decirlo.
No es lo mismo decirlo a unos amigos que comentarlo en voz alta.
Tampoco es igual comentarlo que gritarlo para todos ¡Que salga Fulanito! ¡Sienta a Menganito!
Igualmente es diferente que la crítica venga de un aficionado o de un periodista en su medio de comunicación.
Tampoco es igual que el que critica sea un simple aficionado a que sea otro entrenador.
De los papás y de las mujeres (o maridos) de los jugadores (as) supuestamente injustamente relegados, es mejor ni hablar.
Más grave es aún el caso de un directivo criticando a un jugador o entrenador de su equipo.

No quiero decir con todo esto que es mejor callarse. Que no se debe exponer el acuerdo o desacuerdo con lo que estás viendo. No quiero decir esto. Pretender cambiar esta realidad sería absurdo. Lo que sí quiero es hacer recapacitar a ese espectador indignado que grita apasionadamente y con todas sus fuerzas ¡Que salga Fulanito! ¡Que salga Fulanitoóó! Simplemente pretendo eso: hacerle recapacitar.

Usted sabe menos de baloncesto que el entrenador de su equipo.
Usted no sabe en qué forma esta fulanito.
Usted ve a su equipo cada quince días.
Usted no sabe si está algo lesionado.
Usted no sabe qué problemas de convivencia puede haber en un equipo donde sus componentes pasan muchas horas juntos todos los días.
Usted no ve los entrenamientos.
En resumen, usted carece de elementos de juicio para estar tan seguro como para proclamar a los cuatro vientos con tanta seguridad: ¡Que salga fulanito!

Píenselo.

Fuente: página web de Aíto, que recomiendo enormemente.

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