Vamos a hacer un ejercicio de empatía: no quiero alertar a nadie, no quiero vender periódicos, no quiero contar únicamente que un personaje público que tiene éxito es maleducado con su madre. Voy a ponerme en el lugar de la persona a la que quiero criticar.
Soy Lebron.
Gano tropecientos mil dólares al año. Tengo 23 añós.
En cada partido ante muchísimos miles de espectadores, recibo MUCHAS faltas porque soy el jugador a parar.
De hecho recibo todo tipo de faltas para ser frenado. Yo quiero ganar.
Estoy jugando por el play-off, defiendo, me esfuerzo. 130 pulsaciones.
Recibo el balón en contraataque y corro: 140 pulsaciones. Veo la canasta cerca. Recibo OTRA falta.
OTRA VEZ no quieren jugar el balón, quieren PARARME. 150 pulsaciones.
Me revuelvo. Tengo rabia. La falta es fea. Saco el codo. Acabo en la zona del público y no colgado del aro tras un mate, que es lo que me gustaría A MÍ, A MIS AFICIONADOS, A MI EQUIPO.
Calma. He recibido una falta, pero no me han hecho daño. No me han empujado en el aire. Al menos han tratado de evitar que me lesione. Esto es un juego, TODOS QUEREMOS GANAR. Es un reto, no pasa nada.
Veo a mi madre levantarse y gritar al adversario. Y pienso "no hagas eso mamá, te pueden expulsar del estadio, eso no es cosa tuya..." 160 pulsaciones.
Exploto y sale de mi boca lo primero que me puede salir en estas circunstancias.
Me paro, estoy quieto, vuelvo a la cancha: tranquilidad. 120 pulsaciones.
"Pierce, buen rollo, sigamos jugando a esto".
No hace falta pensar todo esto. Sólo hace falta contar el número de reacciones buenas y malas que tiene un jugador que está compitiendo ante muchos miles de aficionados, haciendo ejercicio exigente, cansado y con muchos latidos de corazón por minuto (pensar en una silla, calmado, y con la pluma afilada para criticar es más fácil, ¿verdad?).
Lebron hizo mal en hablar así a su madre y esto es un hecho. Lo que me parece curioso es que desde los medios nunca se critica al espectador que insulta, grita, se levanta, hace gestos maleducados, vuelve a insultar... Al parecer se merece todo el respeto porque paga la entrada.
Sin embargo, el jugador que está abajo recibiendo faltas, escuchando, compitiendo, siendo observado, haciendo su trabajo, merece las críticas más insospechadas. Debe ser porque es el que cobra.
Muchos padres y madres increpan, gritan, incluso insultan en partidos que no tienen tanta trascendencia. No salen a la luz pública porque no tienen que ver ni con Lebron ni con su madre ni con la NBA. Quizá sean Pepito y la madre de Pepito. En esos casos Pepito tendrá 10 años y probablemente no tenga ni la edad, ni la madurez ni el ego que tuvo Lebron de hacer comprender a su madre (con otras palabras) que esto es un juego.
Si yo - jugador - que lo sufro, soy capaz de comprender un golpe recibido con deportividad, ¿por qué no lo comprendéis desde la grada?
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